¿Quieres emprender con amigas o familiares este 2026?

Aquí te damos un punto de partida.

Emprender con alguien de confianza suena lógico. Hay cariño, historia compartida, entusiasmo. Justo por eso, emprender con amigas o familia es una de las decisiones que más carga emocional trae… y también una de las que más conflictos genera cuando no se habla de lo “incómodo" a tiempo.

Pasa mucho. Proyectos que empezaron “entre nosotras” y terminaron en silencios largos, reclamos velados o negocios detenidos porque nadie sabe quién decide qué. No es por mala onda, es la falta de acuerdos claros.

Esta guía no es para decirte que no lo hagas. Es para que, si vas a hacerlo, lo hagas bien y cuides tanto el negocio como la relación.


Los acuerdos mínimos que sí o sí deben existir

Aquí es donde muchas emprendedoras se equivocan: creen que hablar de acuerdos es desconfiar. En realidad, es todo lo contrario.

Antes de abrir Instagram, rentar un local o invertir un peso, deberían tener claridad en:

  • Quiénes son socias y en qué porcentaje
    No importa si todas “ponen lo mismo”. El porcentaje define poder, decisiones y salidas (en su caso).

  • Qué aporta cada una
    Dinero, trabajo, contactos, know-how. La realidad es que, caso a caso, no todo vale lo mismo y es mejor decirlo desde el inicio.

  • Qué rol tiene cada persona
    Cuando todas hacen “de todo”, nadie es responsable de nada. Y esto puede hacer que una muy buena idea nunca despegue.

Entonces, estos acuerdos no deben tomarse a la ligera, son la base para realmente crear un proyecto viable y también para evitar resentimientos después.


Empezamos con lo más básico (y lo más delicado)

Antes de hablar del nombre de su marca, logos o redes sociales, hay dos temas que definen toda la relación entre socias: el dinero y las decisiones.

  1. Dinero

¿Quién invierte cuánto?
No solo se trata de dinero en efectivo. También cuentan:

  • Tiempo de trabajo

  • Contactos estratégicos para el proyecto o negocio

  • Maquinaria, equipo, software

  • Experiencia previa o reputación profesional

El problema aparece cuando todo se valora igual “de palabra”, pero en la práctica no lo es.

Si una trabaja 40 horas y otra 10, pero ambas “son socias iguales”, tarde o temprano alguien sentirá que está dando más.

Si se aporta algo que no es dinero, hay que decidir:

  • ¿Eso da derecho a un mayor porcentaje?

  • ¿Es una aportación inicial o algo que se espera de forma constante?

  • ¿Qué pasa si deja de aportarse?

No aclararlo es abrir la puerta a posibles conflictos futuros.

¿Cómo se reparten las utilidades o ganancias?

Este punto suele postergarse porque “primero hay que ganar”. Error.

Conviene definir desde el inicio:

  • Si las utilidades se reparten en función del porcentaje de participación.

  • Si una parte se reinvierte obligatoriamente. (¡Muy importante en un negocio que empieza!)

Aquí es donde muchas emprendedoras descubren que no todas tienen la misma expectativa:

  • Una quiere reinvertir todo.

  • Otra necesita ingresos personales.

    Ambas posturas son válidas, pero incompatibles si no se hablan.

¿Se pagan sueldos o solo ganancias?

Esta es una de las preguntas más incómodas, pero más importantes.

  • ¿Las socias que trabajan cobran un sueldo o solo reciben utilidades?

  • ¿Qué pasa si una trabaja todos los días y otra no? ¿Sus funciones lo permiten?

Cuando no se define, suele pasar que una termina “sosteniendo” la operación sin recibir nada mientras el negocio “todavía no deja”.

Eso desgasta al negocio y la relación de amistad.

2. Decisiones: quién y cuándo

Muchas sociedades empiezan con la idea romántica de “todas decidimos todo”. En la práctica, eso paraliza al negocio.

Pregúntense con honestidad: ¿De verdad todas quieren decidir todo? ¿O solo algunas se involucran en áreas específicas?

No decidir esto provoca decisiones eternas, conflictos por cosas pequeñas y una posible sensación de desorden y frustración.

¿Qué decisiones requieren unanimidad sí o sí?

Hay decisiones que sí deberían estar protegidas, por ejemplo:

  • Endeudarse.

  • Vender una parte del negocio.

  • Incluir a una nueva socia.

  • Cambiar el giro del proyecto.

Definirlas no es exagerado. Es prevención.

¿Quién tiene la última palabra en temas clave?

Aunque suene fuerte, alguien debe tenerla en ciertos temas puntuales:

  • Operación diaria.

  • Estrategia comercial.

  • Finanzas.

Esto no significa imponer, sino una estrategia para evitar bloqueos. Cuando nadie tiene la última palabra, el negocio se estanca… y la relación se tensa.

Trabajar en conjunto también significa confiar en las decisiones de tus socias.

Una verdad incómoda (pero necesaria)

La mayoría de los conflictos entre amigas, socias o familiares nacen de acuerdos incompletos.

Hablar de dinero y poder al inicio no rompe relaciones. Evitar esos temas es lo que las termina rompiendo.


Salidas

Esta es la que casi nadie quiere tocar, pero es la más importante.

  • ¿Qué pasa si una quiere salirse?

  • ¿Puede vender su parte?

  • ¿Las demás pueden comprarla?

Hablar de salidas no significa que el proyecto vaya a fracasar.
Significa que están pensando como empresarias, no solo como amigas.


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